
... Sin embargo, es al atardecer, y cuando empieza a caer el sol, cuando la plaza adquiere toda su personalidad y la medina entera inicia su frenética actividad, viéndose invadida por acróbatas, monas de gibraltar, bailarines, bandas de músicos de Rif, aguadores, especieros, vendedores de amuletos, de chucherias y de dentaduras y dientes sueltos; montañeses del Atlas, gentes del Sur, carros tirados por burros, serpenteantes mobylettes, taxis atravesados, gritos, nubes de humo provenientes de los puestos de cocina, caracoles picantes y japonesas sonrientes. ¡Bendito caos!...


























